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Entre la vida y la ficción

Mía y yo: dónde termina mi viaje y empieza la novela

Juliana Gómez Ríos leyendo su primera novela publicada, Viaje Asia mí
Juliana y el libro que hizo realidad su sueño de ser escritora.

Cuando presento Viaje Asia mí, hay algo que me gusta aclarar: aunque la novela está basada en hechos reales, Mía y yo no somos la misma persona.

Compartimos una profesión, una ciudad, la misma edad y un viaje que terminó siendo muy distinto de lo que habíamos imaginado. Pero llegamos a él desde lugares diferentes. De hecho, al principio de la novela, nuestros caracteres son casi opuestos.

Mía está cerca de cumplir cuarenta años y siente que su vida no se parece a la que había imaginado. Quería casarse y tener hijos. Yo, en cambio, desde muy joven había tenido claro que no quería ser madre. A los sueños de Mía se suman las expectativas que ha aprendido a aceptar: lo que una mujer debería haber conseguido a determinada edad. Le cuesta reconocer otras posibilidades y tiene miedo de salir de lo conocido.

Yo llevaba muchos años viajando sola. Cada invierno aprovechaba la temporada baja del turismo en Barcelona para irme unos meses. Ese año elegí el Sudeste Asiático. Sabía que llegaría a Bangkok; el resto lo iría descubriendo por el camino. Una amiga quiso acompañarme durante los primeros quince días.

Al convertir esa experiencia en una novela, tuve que imaginar cómo viviría el viaje alguien con un carácter tan diferente al mío. Así nació Mía. Quería explorar qué ocurriría si una mujer acostumbrada a frenarse se encontrara, de pronto, ante situaciones que no podía controlar. La mariposa de la portada representa esa metamorfosis: el proceso de salir de su encierro, desplegar las alas y descubrir de qué era capaz.

Portada de Viaje Asia mí, con la mariposa que representa la metamorfosis de Mía
La mariposa de la portada: la metamorfosis de Mía.

También yo tenía un deseo pendiente. Había estudiado literatura y siempre había querido escribir un libro. Lo había intentado varias veces, pero ninguna historia terminaba de convencerme.

Cuando regresé de Camboya, todavía había restricciones y aún no habían abierto las fronteras, así que no había turistas. Tenía tiempo y una experiencia que quería contar. Pensé: es ahora o nunca.

Al principio imaginé una crónica del viaje. Después, con acompañamiento editorial, fui encontrando el camino hacia la ficción. Cambié circunstancias, inventé situaciones y dejé fuera otras que sí había vivido.

Por eso, leer a Mía no equivale a leer mi biografía. Ella tiene sus propios deseos, contradicciones y decisiones. Algunas experiencias nos acercan; otras nos separan por completo.

Juliana sonriendo mientras firma un ejemplar de Viaje Asia mí, con varios libros sobre la mesa
Compartir con los lectores una historia que empezó mucho antes de la primera página.

A lo largo de la novela, Mía va encontrando el valor para convertirse en la protagonista de su propia vida. Yo encontré en ese viaje la historia que me permitió cumplir un sueño que tenía desde hacía años: ser escritora y ver publicada mi primera novela.

Juliana sonriendo en la feria de Sant Jordi, detrás de una mesa con ejemplares de Viaje Asia mí
En Sant Jordi, con mi novela y muchas historias por compartir.

La experiencia nos hizo crecer de formas distintas. Mía descubrió posibilidades que al principio ni siquiera se atrevía a imaginar. Yo pude darle forma a algo que siempre había querido hacer. Entre lo vivido y lo inventado, ese viaje terminó abriendo un camino para las dos.

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